Esto es lo que tenés que saber si vas a acampar

El campamento seduce a los amantes de la naturaleza, a quienes están sedientos de aventuras o a los que huyen de los circuitos turísticos de rutina.

Pájaros, insectos, flores, huellas en la vegetación son motivo de asombro. Estudie el mapa. Aliste su equipo. Cargue sus bártulos en la mochila y después de comprobar las provisiones, dése el gusto.
Acampar es disfrutar del paisaje agreste desde adentro. Una buena excusa para reflexionar en soledad, aspirar el aire puro o compartir la informalidad con los demás. Despertarse con el canto de los pájaros en parajes diferentes, gozarlos lejos de la civilización o con los servicios confortables de un camping, sin gastar una fortuna.

Si quiere disfrutar de esta experiencia, le recomendamos que evite la cercanía de los ríos, terrenos húmedos llenos de mosquitos, los suelos en pendiente o muy pedregosos. Huya de las corrientes de aire, de posibles derrumbes y caídas de piedras o de árboles solitarios, por si se desata una tempestad. Siempre es mejor dormir dentro de la carpa que bajo las estrellas. El olfato le indicará dónde instalarse: al borde de un bosque, con una vista discreta y a salvo de ataques (reales o imaginarios).

Cuídese de corrientes de aire, lluvias y humedades, aunque estas últimas, en casos extremos, pueden impedir que se muera de sed. Antes de alistar una mochila conviene que consulte las guías de camping que tienen todo cuanto usted desea saber, localidad por localidad, con servicios, direcciones y accesos; manual de primeros auxilios; transportes terrestres y aéreos; circuitos para turismo aventura, cabalgatas, mountain bike, trekking, estados de rutas y caminos. Informan dónde practicar canotaje, buceo, montañismo y pesca.

En cuanto al equipo básico de un acampante, tenga en cuenta la carpa ultraligera, colchón de espuma (si extraña la cama) y saco de dormir. La cuestión es saber utilizarlos.
En materia de carpas ultraligeras, hay modelos de acuerdo con sus cualidades y usos específicos, pero todas se arman de la misma manera. Prepare la suya sin dejar pliegues ni arrugas en la tela. De la buena tensión dependen la resistencia al viento y la impermeabilidad. Cuando se forma un pliegue, el zarandeo del viento se hace más fuerte y el agua de lluvia se acumula o circula como por un canal. La tensión se logra con un buen anclaje de la carpa en el suelo. A veces no es fácil hundir las estacas: si el terreno es blando, como la arena, no las retiene. Con unas plaquitas que se montan previamente en las estacas se consigue un anclaje eficaz. Si se olvidara de llevarlas, podrá mejorar la fijación con piedras o con un terraplén de arena.

De noche, junto al mar, hace frío y éste se siente en el suelo, donde la mayoría de las carpas ligeras están mal aisladas (por eso son más livianas). Trate de reforzarlo. Si está en un bosquecito, esparza por el piso un espeso colchón de hierbas, hojas de pino o heléchos secos. Si tiene una manta de supervivencia, póngala de alfombra. Para subir la temperatura en el interior de la carpa encienda una vela durante unos minutos. También hay linternas chicas pensadas ex profeso. Alrededor de la carpa levante un terraplén: la zanja que quedará en el medio ayudará a escurrir el agua de lluvia.